ORIGEN DE LAS VACUNAS Y EL DESCUBRIMIENTO DE LA PENICILINA
ORIGEN DE LAS VACUNAS
El origen de las vacunas se atribuye al médico inglés Edward Jenner a finales del siglo XVIII. Para ese entonces, la viruela, una enfermedad infecciosa causada por el virus Variola virus, que llevaba afectando a la humanidad desde el año 10 000 a.C. y suponía más de 400 000 muertes anuales únicamente en Europa.
En el Siglo XVIII las leyes éticas de la experimentación en humanos todavía no estaban muy claras, así que a Jenner no le costó demasiado conseguir voluntarios. El médico inglés inoculó la viruela bovina en el hijo de su jardinero, el pequeño James Phipps y esperó varias semanas. Todo ocurrió según lo previsto y el pequeño no desarrolló viruela. Entonces, Jenner inoculó el extracto de un paciente con viruela en James y no se infectó, ni él ni el resto de personas a las que Jenner inoculó posteriormente el virus de la viruela bovina.

DESCUBRIMIENTO DE LA PENICILINA
Alexander Fleming era profesor de Bacteriología en el St. Mary´s Hospital en Londres durante 1928. Tal vez durante ese verano el Dr. Fleming tuviese especial prisa por irse de vacaciones; el caso es que se fue sin limpiar a conciencia el laboratorio.
A la vuelta , Fleming empezó a limpiar las placas Petri sucias. En aquellas placas Petri se había estado experimentando con bacterias, concretamente Staphylococcus aureus, y Fleming observó algo raro en uno de ellas: había crecimiento de moho, y a su alrededor un halo libre de bacterias. Aquel moho desprendía una sustancia capaz de inhibir el crecimiento bacteriano.
Enseguida Fleming aisló el hongo y probó su eficacia contra varios tipos de bacterias. Charles Tom identificó al hongo como perteneciente a la especie Penicillium notatum y Fleming bautizó la sustancia como penicilina.
En 1929 Fleming publicó sus hallazgos sobre la penicilina. A pesar de la importancia potencial de la noticia, el hallazgo pasó algo desapercibido. No fue hasta 1943 cuando la penicilina se sometió a ensayos clínicos. Su primer uso a gran escala se dio durante la Segunda Guerra Mundial para tratar a los soldados heridos en el Día D.
No fue sino hasta 1948 que Andrew J. Moyer, uno de los científicos responsables de este progreso, obtuvo una patente para un método de producción en masa de penicilina.
En 1945, el Premio Nobel de Fisiología o Medicina se otorgó conjuntamente a Sir Alexander Fleming, Ernst Boris Chain y Sir Howard Walter Florey, por el descubrimiento de la penicilina y su efecto curativo en diversas enfermedades infecciosas.

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